El tiempo me devuelve postales
de cada instante de tu vida,
arrebujando tus Picachu entre mis labios
meciendo el madurar de tus consolas
amamantándolas con algodón dulce.
Pasaron muchos eclipses desde entonces,
cada aliento te veo más alto
y ahora es tu rama quien me abraza,
mis raíces no abarcan tu contorno.
Tanto es el amor apuntalado
que sustenta la orilla de tu cuerpo
y el blanco de la espuma de mi sangre.
Mi niño de azúcar,
no hay musa que me inspire
al verte acelerar hacia las vallas
donde se paga un peaje por vivir.
No hay duende, semántica o sintaxis,
sólo una interjección de miedo, orgullo
y alegre tristeza.
Ya alcanzas la piñata con las manos,
toma todos los regalos:
has crecido.
lunes, 20 de julio de 2009
Mi niño de azúcar
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario