lunes, 20 de julio de 2009

Frío

Ha sido un día distinto.

No dio tiempo para pensar.

Después del frío intenso del amanecer,
de las prisas vestidas de cansancio,
del “no me encuentro bien”,
de sentirme invisible
y de la falta de abrigo;
ella o él
decidió que no era momento de ser
y se escapó de golpe
atravesando el centro de mí misma.

Se fue porque no tuve valor para echarle
ni para celebrar su llegada.

Se fue porque también se sentía invisible.

Ahora sé que la vida sigue.
No sé lo que siento. No sé lo que quiero.
No sé qué maldigo.

Ahora, como siempre que estoy sola,
tengo frío y estoy cansada.
Intento apoyarme en quicios invisibles
que ya no están.
Intento arroparme con lanas invisibles
que no abrigan.

Pasará el tiempo,
Imaginaré su rostro sonrosado,
su pelo sudoroso tras los juegos,
sus notas del colegio, sus amigos,
sus dibujos, su deporte favorito
su voz, sus canciones, su sonrisa.
Su sexo, su nombre.
Su cariño.

Olvidaré estos meses en los que apenas nos hablamos.

Volveré a vivir al límite,
volveré a retar a la vida, viviéndola,
volveré a amar como una niña.
Volveré a buscar el mar
en unos ojos.

Cual caballo de Atila,
volveré a quemar la hierba
allá por donde pase.

Y aún llegarán más días distintos.

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