Para Isa
Cada atardecer le coses el dobladillo a un beso
para hilvanar tu amor con hilos de dulzura,
le das forma de muerte al traje de la vida
planchando suspiros, almidonando tus vivencias.
Yo no quería que ella se fuera , susurras,
y partió de velas azabache, sin aviso ni candil
donde recoger la cera durante meses ablandada
Cada anochecer sueñas que riegas las nostalgias,
que despojas el futuro de hojas secas,
que la planta no ha muerto, que la savia corre
y crecen nuevos, los sentimientos verdes.
Doblas cada día un manto de flores de plástico
en el ropero alcanforado que creaste.
Y huele agrio, emputecido, como leche de murciélago.
Suena a cimbrar de vientre de una mora condenada.
Gritas orgasmos sin retorno,
enamorada del ayer, del pan ácimo,
de un agujero negro, vacío de almas
donde apenas caben los recuerdos.
Pero tu corazón late como el mío,
con la misma frecuencia, aunque te duela,
aunque se oxide, aunque esté roto.
Sigues latiendo a ritmo de vida, como todas.