lunes, 20 de julio de 2009

Necrofilia Sentimental

Para Isa


Cada atardecer le coses el dobladillo a un beso
para hilvanar tu amor con hilos de dulzura,
le das forma de muerte al traje de la vida
planchando suspiros, almidonando tus vivencias.

Yo no quería que ella se fuera , susurras,
y partió de velas azabache, sin aviso ni candil
donde recoger la cera durante meses ablandada


Cada anochecer sueñas que riegas las nostalgias,
que despojas el futuro de hojas secas,
que la planta no ha muerto, que la savia corre
y crecen nuevos, los sentimientos verdes.

Doblas cada día un manto de flores de plástico
en el ropero alcanforado que creaste.
Y huele agrio, emputecido, como leche de murciélago.
Suena a cimbrar de vientre de una mora condenada.

Gritas orgasmos sin retorno,
enamorada del ayer, del pan ácimo,
de un agujero negro, vacío de almas
donde apenas caben los recuerdos.

Pero tu corazón late como el mío,
con la misma frecuencia, aunque te duela,
aunque se oxide, aunque esté roto.
Sigues latiendo a ritmo de vida, como todas.

Mi niño de azúcar

El tiempo me devuelve postales
de cada instante de tu vida,
arrebujando tus Picachu entre mis labios
meciendo el madurar de tus consolas
amamantándolas con algodón dulce.
Pasaron muchos eclipses desde entonces,
cada aliento te veo más alto
y ahora es tu rama quien me abraza,
mis raíces no abarcan tu contorno.
Tanto es el amor apuntalado
que sustenta la orilla de tu cuerpo
y el blanco de la espuma de mi sangre.
Mi niño de azúcar,
no hay musa que me inspire
al verte acelerar hacia las vallas
donde se paga un peaje por vivir.
No hay duende, semántica o sintaxis,
sólo una interjección de miedo, orgullo
y alegre tristeza.
Ya alcanzas la piñata con las manos,
toma todos los regalos:
has crecido.

Sepia

Esta mañana,
cuando un operario barría
las hojas secas
y las almacenaba en cubos,
me pregunté:

¿Dónde las llevan?
¿Dónde quiere esconder
la ciudad al otoño?


Después,
robé un puñado
y las esparcí por mi casa.

Juraría que tu foto me sonrió.

Confusión

Llevo tiempo admirándote

y hoy no te reconozco.

Hoy, enfadada, me escupes a

la cara con tu espuma blanca,

mareas mi mirada con tus olas

en todas direcciones,

alejas windsurfistas a la velocidad del viento.

Hoy he vuelto de ti con

la cara quemada, cuajada

de ampollas, los ojos salados y

un viento amargado perforando el oído.

Hoy no distinguía los barcos, de

tantos estandartes. No veía el sol,

de tanta nube gruesa.

Hoy te imaginaba reflejada

en las rocas, y en cada envite las olas

se me llevaban, del recuerdo, un beso.

Hoy busco el trozo de orilla donde

se imprimió mi espalda, para que mi

casi sangre fluya dulcemente

… y mueras. Sin honores. En mi falda.

Cádiz

¿Lo sabías?

No es una antorcha
ni un ejército de luciérnagas
ni el reflejo del sol en el hielo
ni una linterna inmensa
ni siquiera el brillo de tus lágrimas.

Es Cádiz.
Cádiz ilumina el mundo.

Silencio

Cómo decirte
que todo ha terminado
que ni ya ni el mar me recuerda a ti,
y tu ausencia no me llena
cuando la siento presente.

Cómo decirte,
el azul es más bonito que el negro
pero no lo cubre.
Que si hoy pienso en nuestra historia,
maldigo ese sueño caducado
que ayer mismo bendecimos.

Como decirte
qué estás muy fuera, ya no Dentro de mí
-maldito Lerner-,
y que, no te importe, en algún punto
estas almas se han des-vinculado,
des-animado,
des-membrado
destrozado.

Cómo mengua la vida,
qué poco dura lo eterno.

Te diría, te preguntaría:
¿Has oído, alguna vez,
el sonido de nuestras lágrimas
cuando ruedan?
Ya el amor no gira en torno al nosotros,
la cadencia se ha roto
y nuestros cuerpos paralelos
son el suicidio de los sentimientos.
El eje de tu torso
cae al pozo de la desesperanza.
Nuestra geometría
no es tan dulce.

Te diría tantas cosas esta tarde
-si pudiera-
que sólo puedo servirte, bien frío, el silencio.

Parábola

Dios, en su omnisciencia, se equivoca.
No siempre se recoge lo que se siembra
si lo que se siembra es lo que una quiere.
Yo sé más que Dios sobre esas cosas
pero eso no me sirve de consuelo.

A Carlos

Aire helado
Lazos rojos
Reuniones, palmas, Villancico de Gloria,
a la luz de una copa de vino
Tiendas cerradas, noche clara
Cielo despejado, estrellas, luna
Lucecitas abrazan las palmeras
Perros que ladran
Llanto sordo
Guitarras, zambombas, panderetas
Hojas caídas, revueltas en el suelo
Decenas de mensajes en el móvil
Navidad
Soledad
Mucho silencio
Confusión, mareo, niebla oscura
Pestiños, pavo, cava y fino
Flores blancas
Triste respuesta a días de espera

La noche de tu muerte (ahora recuerdo)
Era, no obstante, tan bella…

Un impulso

He resuelto, de súbito,
que ya está bien de tonterías,
que voy plantarme ante la vida
y le voy a decir que es preciosa
que la amo,
que huele bien,
que sueño flotar en sus colores
y que ya me he cansado
de recitar estupideces
sobre lo fría que es la ausencia
y lo negro que es el pozo.

Así que, hoy,
compondré algo sobre las flores rojas de otoño,
sobre los charcos marrones de patio de colegio,
sobre la risa azul Alberto al ver Los Simpson,
sobre el algodón blanco de las gasas
que cubre las pústulas moradas
y sobre ungüento anaranjado que las sana.

Y lo voy a cantar sin más, sin florituras,
sin recursos conscientes,
sin estructura, sin medidas, sin rimas,
sin arte mayor ni menor, ni alejandrinos,
sin reflexión ni meditación, sin tino alguno.

sólo sintiendo.

Ni más ni menos que sintiendo.

El niño de la guerra

Un cosmos de hambre
para una pestaña de pan.

Alimentado de dardos
roto de espuma,
muerto.

Una bandera desconocida
-a quién le importa-

Infamias, dolor, fanatismo,
escarmiento de hienas
y dulzura.

Sus ojos profundos
sin flores
me hablan
de ese granizo helado
que no se derretía nunca.

De esa sábana roja.

De esa paloma estéril.

De una mano, una manga,
una partida perdida.

Pero sonríen, dulces.

Retrospección

En estas coordenadas de la vida
en esta columna, en esta fila,
en este preciso instante
sólo puede ver la luna
reflejada como un fantasma
en el espejo retrovisor de su automóvil.

Y si mira hacia atrás, se estrella.

Frío

Ha sido un día distinto.

No dio tiempo para pensar.

Después del frío intenso del amanecer,
de las prisas vestidas de cansancio,
del “no me encuentro bien”,
de sentirme invisible
y de la falta de abrigo;
ella o él
decidió que no era momento de ser
y se escapó de golpe
atravesando el centro de mí misma.

Se fue porque no tuve valor para echarle
ni para celebrar su llegada.

Se fue porque también se sentía invisible.

Ahora sé que la vida sigue.
No sé lo que siento. No sé lo que quiero.
No sé qué maldigo.

Ahora, como siempre que estoy sola,
tengo frío y estoy cansada.
Intento apoyarme en quicios invisibles
que ya no están.
Intento arroparme con lanas invisibles
que no abrigan.

Pasará el tiempo,
Imaginaré su rostro sonrosado,
su pelo sudoroso tras los juegos,
sus notas del colegio, sus amigos,
sus dibujos, su deporte favorito
su voz, sus canciones, su sonrisa.
Su sexo, su nombre.
Su cariño.

Olvidaré estos meses en los que apenas nos hablamos.

Volveré a vivir al límite,
volveré a retar a la vida, viviéndola,
volveré a amar como una niña.
Volveré a buscar el mar
en unos ojos.

Cual caballo de Atila,
volveré a quemar la hierba
allá por donde pase.

Y aún llegarán más días distintos.

Pájaros en la cabeza

Intenté tirar tus mimos
a la basura.

Cuando los creía enterrados
y descompuestos,

resurgían triunfantes, alados,
oliendo a romero.

No consigo olvidarlos.

Mamá,

¿Qué ha pasado?

Tu pecho inmenso,

tu mirada infinita,

los altísimos árboles de donde me bajaste
a la fuerza.

Mientras yo crecía, el mundo
ha empequeñecido.

Bloqueo

Me bloqueas.

Quisiera escribirte tantas cosas

-Que tu cuerpo es la carretera que me lleva al alba

o que tus ojos pardos revuelven mis mareas

o que soy astronauta de tus labios rojos-

quiero escribirte el poema más hermoso.

Me bloqueas.

Quisiera escribirte tantas cosas

-que te amé tan honda que te tornaste pozo,

o que te amé tan alta que borré una estrella,

o que te amé tan fuerte que sangré de tinta-

quiero escribirte el poema más bello.

Me bloqueas.

Quiero escribirte el poema más bonito

pero sólo sé balbucear

Que tú eres mi hogar

y que sólo habitándote existo.

Que te amo tan honda, tan alta y tan fuerte

que buceo volando, golpeando tierra.

¿Por qué me bloqueas?

Te amo y me amo contigo

y no sé decírtelo.

Lluvia

Hoy, en Madrid, está lloviendo.

Llueven mis ojos
marcándome las mejillas.

Llora el mobiliario urbano,
las lunas de los autobuses,
los paraguas negros,
los árboles semidesnudos,
los semáforos en rojo.

Ay, si mi lluvia pudiera
partir con las lágrimas
de Madrid
allá donde ellas vayan.

Círculo de amor

No es sólo mi amor
lo que me mantiene errante,
girando

en torno a ti.


Es tu gravedad.
Tu masa me retiene.

(Te vullc molt,
per sempre)

Aunque n o s e x p a n d a m o s,
sigosujetaatuórbita.

Girando

en torno a ti

lo que me mantiene errante
no es sólo mi amor.