Cuando te encuentro
dormido en el sofá,
a tus casi dieciocho, aún
quiero emplear mi tiempo
en contar tus células
una
a
una
sólo por el placer de mirarte
repetidamente
constantemente
obstinadamente
febrilmente.
Pero, un día más,
he de irme, hijo.
jueves, 8 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)