viernes, 27 de noviembre de 2009

Al negrito de la taza



No miraré esos ojos de adulto
ni esos dientes de leche fermentados
por el hongo del hambre que masticas,
mientras tragas el aire que la pasividad te dona.

Yo no sé a qué sabe tu dolor
ni imagino a qué huele esa piel envejecida.
Sé que el futuro se derrite en tu boca,
dentro de esas mejillas que escoriaron
con sus puntas tus huesos evidentes.

Yo podría llenarte la taza sin esfuerzo,
pero en mi mundo no estás tú.
Aquí no precisamos de amuletos para
ahuyentar a saltos los espíritus del mal.
Aquí convivimos en armonía con las hienas.

Si te quedaran fuerzas, podrías huir de tu infortunio,
correr como la pólvora a esta tierra de llorones,
de blancos grasos y orondos, hartos de todo,
en tu ancestral rito de iniciación a la vida.

Si te quedaran fuerzas y el mar no te tragara.

Pero ya no tienes esas piernas de guepardo
que tus antepasados exhibieran con bravura.
Ya no tienes ni conciencia de ser hombre.
Ya no puedes ni andar, de tan delgado.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Zíngaro acordeonista (2003)

Sueño que un día
cuando saco el trapo
para limpiar el polvo de tu memoria
n o t e n g o m i e d o

Y entonces, nota a nota,
a golpe de fuelle y tecla,
de tu acordeón relicario germina
la melodía más dulce del mundo.

Sonríen los compases,
se animan los silencios
danzan corcheas y fusas
y todos juntos reciben,
con un gran ramo de polkas,
a la poesía.

Entonces yo canto en verso
lo que nunca pude decirte
pues no había palabras,
ni notas.

Eso sucederá algún día.
Pero aún hoy
cuando trato de leer tu nombre
en un pentagrama sordo
t i e m b l o.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Carrera sin rumbo

En esos días en que el sol se me escurre entre los dedos,
las horas se congelan y oscurecen
y el negro se abre espacio entre las nubes.
En esos días en que languidece el rojo de los hombres,
y una guadaña de hielo sesga
la belleza del paisaje de los versos.
En esos días que habito el vacío más hondo del armario,

donde los floristas lloran,
y siento dolor en el hueco sin pilas de mi espalda.
En esos días en que no miro qué me sigue y corro,
corro con carbón sin rumbo, y sin saber sigo corriendo.

En esos días... qué idiota soy. Es el futuro quien no logra alcanzarme.