Cuando te encuentro
dormido en el sofá,
a tus casi dieciocho, aún
quiero emplear mi tiempo
en contar tus células
una
a
una
sólo por el placer de mirarte
repetidamente
constantemente
obstinadamente
febrilmente.
Pero, un día más,
he de irme, hijo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Sencillo pero precioso. Te imagino ahi con cara de boba mirando a tu hijo mientras duerme. Que estampa tan tierna.
ResponderEliminar